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domingo, abril 11, 2010

La alquimia mola...

Debo admitir una cosa. Soy un mago.

Ya desde pequeño tuve una debilidad por inventar extraños conjuros en idiomas esotéricos. Al principio eran cosas fáciles, como pequeños juegos o mensajes de luz, casi sin estructura. Sencillas frases, quizá algún párrafo, alguna estrofa, que hacía algún pequeño y colorista efecto. Nada demasiado elaborado.

Poco a poco fui perfeccionando mi arte como invocador, aprendiendo construcciones más y más enrevesadas y elegantes. Cada vez iba descubriendo nuevas maneras de transformar mi pensamiento en realidad. Nuevas expresiones, nuevos idiomas más oscuros y poderosos, nuevas abstracciones del tejido mismo de la realidad. Herramientas para poder gobernar la naturaleza a mi antojo.

Sin embargo, algo se me escapaba. Si bien era un maestro en el arte del encantamiento, y mis conjuros podían encandilar las mentes y erigir grandes obras, mi saber no era completo.

La alquimia...

La alquimia, el dominio de la materia, de la esencia, de la sustancia. El ancestral conocimiento transmitido del maestro al aprendiz. El conocimiento de las proporciones exactas, del ritual, del método.

La alquimia se me escapaba.

Mis primeros intentos fueron patéticos. Mis primeros brebajes, repugnantes y deprimentes. Nada que ver con lo que prometían aquellos crípticos volúmenes. Durante mucho tiempo, así fue.

Pero ahora, ahora eso parece que está cambiando. No sé muy bien por qué. Supongo que nunca tuve la paciencia, la calma, la minuciosidad que se precisa para la alquimia.

Mi mente está abierta ahora. Y las recetas parece que cobran sentido. Preparo un elixir, y veo asombrado sus efectos. Y pienso, qué parte puedo mejorar...

Soy un mago.

Besitos...

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